Desplegar menú lateral
16/09/2020

Las cigüeñas pueden ser vehículos de dispersión de bacterias multirresistentes porque se alimentan a los vertederos y de estiércol

  • Un estudio publicado en la revista Frontiers in Microbiology revela que las cigüeñas blancas se contaminan con cepas multirresistentes de bacterias como la Escherichia coli cuando se alimentan los vertederos urbanos y en zonas de granjas.
  • La cigüeña blanca es un ave migratoria y puede dispersar accidentalmente estas cepas resistentes de bacterias hasta 250 km de distancia.
  • El estudio, liderado por investigadores del IRTA y el IREC, evidencia una vez más que la fauna silvestre está muy expuesta al abuso de los antibióticos por parte de los humanos.
Cigüeñas blancas (Ciconia ciconia). Autor: Santiago Lacarta (Unsplash)

Los residuos de los antibióticos que usamos en exceso tanto en medicina humana como veterinaria se consideran sustancias contaminantes cuando llegan a los ecosistemas. Son moléculas que pueden persistir activas mucho tiempo tanto en ambientes terrestres como acuáticos. Esto fomenta la aparición de bacterias multirresistentes que circulan de manera cíclica por el medio ambiente y urbano, hasta el punto de convertirse en intratables cuando hay una infección. De hecho, se consideran como una de las amenazas más graves para la salud humana, animal y medioambiental porque provocan más de 30.000 muertes anuales en la Unión Europea y de 700.000 a nivel mundial.

Algunos estudios recientes han sugerido que la fauna silvestre puede contribuir accidentalmente a dispersar las bacterias resistentes a los antibióticos a largas distancias. Es el caso de la cigüeña blanca (Ciconia ciconia), un ave que nidifica en las zonas urbanas y, por tanto, a menudo busca alimento en lugares como vertederos, donde encuentran restos de comida o en áreas con una intensa actividad ganadera donde hay estiércol. «Las cigüeñas encuentran alimento de manera fácil en estos lugares y eso hace que estén muy expuestas a las bacterias resistentes a los antibióticos que provienen tanto de restos de las personas -restos de comida, basura, etc.- como de los animales. Además, son aves migratorias que hacen viajes largos de hasta 250 km y esto hace que de manera indirecta esparzan estas bacterias multirresistentes a diferentes lugares a partir de sus heces», remarca Natàlia Majó, investigadora y directora del IRTA-CReSA, y profesora de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB).

Los investigadores han tomado muestras de la cloaca -parte final del aparato digestivo de las aves- de más 460 ejemplares de cigüeña blanca de cinco áreas diferentes de España y han analizado 70 muestras de heces recientes en los nidos. «En estas muestras hemos encontrado cepas de la bacteria Escherichia coli, una bacteria de origen fecal humano y animal, con genes de resistencia a antibióticos de última generación como las cefalosporinas, que son antibióticos que se utilizan para los tratamientos de infecciones en medicina humana», advierte Lourdes Migura, investigadora del IRTA-CReSA experta en resistencia antimicrobianas.

El estudio se ha realizado en colaboración con investigadores del Centro de Investigación en Sanidad Animal (CReSA) del Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA), el Grupo de Investigación de Sanidad y Biotecnología (SaBio) del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC-CSIC, UCLM, JCCM) y ha contado con la participación del Hospital de la Vall d’Hebron, de SEO/BirdLife, la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC) y la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

La fauna salvaje es indicadora del abuso de los antibióticos

Los animales salvajes que viven en la naturaleza no han sido tratados con antibióticos, por lo tanto, «cuando detectamos bacterias multirresistentes a sus intestinos es un indicador muy claro que los han adquirido de manera indirecta y accidental, debido al abuso que hacemos los humanos», constata Migura. Además, los investigadores han detectado que estas bacterias no persisten mucho tiempo en el tracto digestivo de las cigüeñas, ya que cuando los adquieren, los eliminan de manera rápida a través de las heces. «Esto quiere decir que la contaminación ha sido reciente y nos puede dar información precisa de las bacterias que hay en zonas concretas», concluye.

Según los científicos, sería recomendable limitar el acceso de las aves a los vertederos y al mismo tiempo hacer un seguimiento de muestreo para adoptar medidas de gestión de la convivencia de las aves urbanas con estos espacios. Entender cómo se dispersan las resistencias a los antibióticos al medio ambiente es clave para reducir y prevenir problemas de salud con el enfoque One Health (del inglés, una sola salud del planeta), ya que en un futuro puede haber enfermedades incurables porque algunos de los antibióticos actuales ya no serán efectivos.

Artículo:

Höfle, U., Gonzalez-Lopez, J. J., Camacho, M. C., Solà-Ginés, M., Moreno-Mingorance, A., Hernández, J. M., De la Puente, J., Pineda-Pampliega, J., Aguirre, J. I., Torres-Medina, F., Ramis, A., Majó, N., Blas, J., Migura-Garcia, L. 2020. Foraging at Solid Urban Waste Disposal Sites as Risk Factor for Cephalosporin and Colistin Resistant Escherichia coli Carriage in White Storks (Ciconia ciconia). Frontiers in Microbiology 11, 1397.

Etiquetas: